Vitamina D: Por qué la necesitamos y cómo evitar su deficiencia en invierno

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Vitamina D: Por qué la necesitamos y cómo evitar su deficiencia en invierno

La vitamina D es conocida como la «vitamina del sol», ya que su principal fuente es la luz solar. Es precisamente gracias a los rayos UVB que nuestro organismo es capaz de sintetizarla por sí mismo. Desafortunadamente, en el periodo de otoño e invierno, cuando los días son más cortos y hay menos sol, la producción de vitamina D disminuye de forma significativa. Por ello, muchas personas se enfrentan a su deficiencia, lo que puede tener un impacto grave en la salud.

1. Por qué la vitamina D es tan importante

La vitamina D cumple múltiples funciones clave en el organismo. Se encarga de la correcta absorción del calcio y del fósforo, fortaleciendo así los huesos y los dientes. También favorece el funcionamiento del sistema inmunitario, ayuda a mantener niveles normales de azúcar en sangre y repercute positivamente en el estado de ánimo. Cada vez más estudios confirman que un nivel adecuado de esta vitamina puede reducir el riesgo de infecciones, depresión estacional e incluso de ciertas enfermedades cardíacas.

2. Síntomas de la deficiencia de vitamina D

La deficiencia de vitamina D suele desarrollarse lentamente y durante mucho tiempo no presenta síntomas claros. Con el tiempo, sin embargo, pueden aparecer:

  • debilidad y fatiga,
  • dolores musculares y articulares,
  • bajo estado de ánimo, irritabilidad,
  • infecciones más frecuentes,
  • problemas de concentración.

En los niños, la deficiencia puede derivar en raquitismo, mientras que en los adultos puede provocar osteoporosis y una disminución de las defensas inmunitarias.

3. De dónde obtener vitamina D

La mejor fuente de vitamina D es el sol: bastan unos 15–20 minutos de exposición diaria en los meses de verano para reponer las reservas. Lamentablemente, de octubre a marzo la radiación UVB es demasiado débil para que el organismo pueda producir de forma autónoma una cantidad suficiente de esta vitamina.

Por ello, durante el invierno conviene recurrir a alimentos ricos en vitamina D, tales como:

  • pescados azules (salmón, caballa, arenque, sardinas),
  • huevos,
  • lácteos,
  • hígado,
  • aceites vegetales.

4. Suplementación: cuándo es necesaria

En el periodo de otoño e invierno, la suplementación con vitamina D suele ser necesaria. Sin embargo, antes de recurrir a suplementos, es aconsejable medir el nivel de 25(OH)D en sangre y consultar la dosis con un médico. La dosis preventiva habitual para adultos es de 1000–2000 UI al día, aunque puede variar en función de la edad, el peso corporal y el estilo de vida.

No se deben superar las cantidades recomendadas: un exceso de vitamina D también puede ser perjudicial. Se manifiesta, entre otros síntomas, con náuseas, debilidad y alteraciones del ritmo cardíaco.

5. Cómo favorecer la absorción de la vitamina D

La vitamina D es soluble en grasas (liposoluble), por lo que se absorbe mejor cuando se toma durante una comida que contenga grasas saludables (por ejemplo, aceite de oliva o aguacate). Funciona muy bien en combinación con el magnesio, la vitamina K2 y el zinc, los cuales favorecen su metabolismo y absorción.

Resumen

La vitamina D es un nutriente esencial que influye en la inmunidad, el sistema óseo y el bienestar general. En climas con inviernos marcados, su deficiencia es muy frecuente durante la época fría. Por tanto, es importante recordar la relevancia de una dieta saludable, los paseos al aire libre y la suplementación en el periodo de otoño e invierno. De este modo, el organismo se mantendrá fuerte y las defensas, fiables durante todo el año.